viernes, 24 de julio de 2026

El derrábame del crecimiento económico

 NDCOTUI

Cuando escuchamos que la economía dominicana creció un 4.5 % en el primer semestre del año, es fácil pensar que se trata de una cifra más. Sin embargo, detrás de ese porcentaje hay una realidad que puede sentirse en la vida cotidiana de las personas. Cuando una economía avanza, crece, aumentan las oportunidades para quienes buscan empleo, para los emprendedores que quieren expandir sus negocios y para las familias que aspiran a una mejor calidad de vida.

A lo largo de los años hemos visto que cuando el país mantiene un ritmo de crecimiento sostenido, sectores como el turismo, la construcción, las zonas francas, el comercio y la agricultura se dinamizan. Eso significa más inversión, más producción y, sobre todo, más puestos de trabajo. Cada nuevo empleo representa una familia con mayores ingresos, más capacidad de consumo y mejores posibilidades de salir adelante.

El crecimiento también envía una señal de confianza. Los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros, suelen apostar por economías que ofrecen estabilidad y perspectivas positivas. Esa confianza se traduce en nuevas empresas, ampliación de las existentes y proyectos que generan riqueza y oportunidades para miles de dominicanos.

Otro aspecto que muchas veces pasa desapercibido es el impacto en las finanzas del Estado. Cuando la economía produce más, también aumenta la recaudación de impuestos. Se reduce el déficit fiscal. Esto le da al Gobierno mayores recursos para invertir en metro, monorriel, carreteras, hospitales, escuelas, seguridad y programas sociales que benefician directamente a la población. Ese es un efecto del crecimiento del PIB.

Ahora bien, crecer no es suficiente. El verdadero éxito de una economía no se mide únicamente por el aumento del PIB, sino por la capacidad de transformar ese crecimiento en bienestar para la gente. De poco sirve que las cifras sean positivas si los salarios no mejoran, si el costo de la vida sigue aumentando o si muchas familias no sienten ese progreso en su bolsillo.

Por eso, el desafío no es solo mantener el crecimiento económico, sino lograr que sus beneficios lleguen a todos. Generar más empleos formales, fortalecer el poder adquisitivo de los trabajadores, controlar la inflación e invertir con eficiencia en servicios públicos son pasos fundamentales para que ese 4.5 % se convierta en una mejora real en la calidad de vida de los dominicanos.


En definitiva, el crecimiento económico que hoy exhibe la República Dominicana es una buena noticia. Refleja una economía dinámica, con capacidad para atraer inversiones y crear oportunidades. Pero el verdadero triunfo será cuando ese crecimiento se traduzca en más bienestar, mayor equidad y mejores oportunidades para cada ciudadano, sin importar dónde viva o cuál sea su condición social.

Ahora bien, el crecimiento del Producto Interno Bruto siempre provocara un derrame positivo en los sectores sociales de una manera u otra. Si la riqueza de un país aumenta mayores serán las posibilidades para todos.