lunes, 17 de agosto de 2026

¿Incapacidad de Luis Abinader?

 ¿Incapacidad de Luis Abinader?

La economía dominicana ante un mundo en crisis

Por NDIGITALCOTUI

Durante los años de gobierno de Luis Abinader, la República Dominicana ha tenido que desenvolverse en un escenario internacional especialmente difícil. La pandemia de COVID-19 paralizó buena parte de la economía mundial y, posteriormente, la guerra entre Rusia y Ucrania provocó fuertes aumentos en los precios de los combustibles, alimentos y materias primas. A esto se sumaron las altas tasas de interés internacionales, las tensiones geopolíticas y una mayor incertidumbre en el comercio mundial. Todo ese entorno ha representado un desafío importante para la economía dominicana.

A este panorama se sumó en 2026 el conflicto entre Estados Unidos e Irán, que ha vuelto a generar preocupación en los mercados internacionales. Las dificultades para mantener el flujo normal de mercancías por el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el comercio energético mundial, han afectado el suministro de petróleo y gas y han elevado los riesgos sobre los precios de los combustibles, el transporte y los alimentos. La Agencia Internacional de Energía proyecta una importante reducción de la oferta mundial de petróleo durante este año. Para un país importador de combustibles como República Dominicana, este escenario representa una presión adicional sobre los costos internos y las finanzas públicas.

 

Sin embargo, en medio de estas dificultades, la economía dominicana ha demostrado una importante capacidad de resistencia. El FMI ha destacado que el país mantiene fundamentos económicos sólidos, inflación cercana a la meta, un sistema financiero resiliente y capacidad para enfrentar nuevos choques externos. También señala que la economía está bien posicionada para afrontar la incertidumbre internacional.

Los resultados no significan que no existan desafíos ni que todos los problemas estén resueltos. Sin embargo, muestran que República Dominicana ha logrado preservar una estabilidad macroeconómica relevante en uno de los períodos internacionales más complejos de las últimas décadas. Ese desempeño, reconocido por organismos internacionales, constituye uno de los elementos que permiten valorar positivamente el manejo de la economía dominicana durante estos años de grandes turbulencias económicas.

Responda ahora usted la pregunta, ¿Incapacidad o competencia de Luis Abinader?

jueves, 6 de agosto de 2026

Jarabe para los danilistas

 La caída del gobierno de Danilo Medina (2018-2019)

Hay momentos en la política en los que el desgaste no ocurre de un día para otro. Se va acumulando lentamente, casi sin hacer ruido, hasta que termina reflejándose en la opinión pública y, finalmente, en las urnas. Eso fue precisamente lo que ocurrió en la República Dominicana entre 2018 y 2019.

Para entonces, el gobierno de Danilo Medina todavía exhibía importantes logros en áreas como la infraestructura, la educación y la seguridad ciudadana. El presidente seguía siendo una de las figuras mejor valoradas del escenario político, pero esa fortaleza ya no alcanzaba para proteger la imagen de muchos de sus principales colaboradores.

Las encuestas, los estudios de opinión y el ambiente que se respiraba en los medios de comunicación mostraban una realidad que iba ganando terreno: la confianza en el gabinete comenzaba a deteriorarse.

Percepción sobre los funcionarios verso Danilo

Uno de los aspectos más llamativos de ese período fue la diferencia entre la valoración del presidente y la de sus funcionarios.

Mientras Danilo Medina conservaba una imagen de cercanía con amplios sectores de la población gracias a iniciativas como las visitas sorpresa y al reconocimiento de programas como el Sistema Nacional de Atención a Emergencias 9-1-1, muchos ministros y altos funcionarios eran percibidos como figuras distantes, poco accesibles y desconectadas de las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía.

En numerosos estudios de opinión aparecía una crítica recurrente: el gobierno parecía haberse vuelto una estructura demasiado cerrada, con escasa capacidad para renovarse y responder al creciente reclamo de mayor transparencia.

 

El centro del debate: La corrupción

Si hubo un tema que marcó la conversación nacional durante esos años fue la corrupción.

Las repercusiones del caso Odebrecht, sumadas a otros cuestionamientos sobre el manejo de instituciones públicas, alimentaron una percepción de desconfianza que terminó afectando al conjunto de la administración.

El Barómetro de las Américas (LAPOP) correspondiente al período 2018-2019 reflejaba que una parte importante de la población consideraba que la corrupción era un problema ampliamente extendido en el Estado. A ello se sumaban diversos estudios nacionales que mostraban niveles muy bajos de confianza hacia la clase política y hacia quienes ocupaban posiciones de poder.

Más que los expedientes judiciales en sí, lo que parecía consolidarse era la sensación de que las investigaciones rara vez llegaban hasta las más altas esferas del gobierno, fortaleciendo la percepción de impunidad.

El mismo anillo

Mirando aquellos acontecimientos con la perspectiva que ofrece el tiempo, resulta claro que el deterioro de la imagen del gobierno no estuvo asociado exclusivamente al comportamiento de la economía ni a la ejecución de obras públicas.

Lo que comenzó a cambiar fue la percepción sobre la forma de ejercer el poder. Para muchos ciudadanos, el principal problema ya no era únicamente la gestión gubernamental, sino la permanencia de un mismo grupo dirigente, la falta de renovación y las crecientes dudas sobre la transparencia en el ejercicio de la administración pública.

Aunque varias políticas gubernamentales continuaban siendo bien valoradas, esos logros fueron perdiendo capacidad para contrarrestar el desgaste político que se acumulaba.

Ese clima de opinión terminó creando las condiciones para una alternancia que, meses después, se materializaría en las elecciones de 2020. Más que un cambio repentino, fue el desenlace de un proceso de desgaste que venía gestándose desde varios años atrás y que encontró en el período 2018-2019 uno de sus momentos decisivos.

 

viernes, 24 de julio de 2026

El derrábame del crecimiento económico

 NDCOTUI

Cuando escuchamos que la economía dominicana creció un 4.5 % en el primer semestre del año, es fácil pensar que se trata de una cifra más. Sin embargo, detrás de ese porcentaje hay una realidad que puede sentirse en la vida cotidiana de las personas. Cuando una economía avanza, crece, aumentan las oportunidades para quienes buscan empleo, para los emprendedores que quieren expandir sus negocios y para las familias que aspiran a una mejor calidad de vida.

A lo largo de los años hemos visto que cuando el país mantiene un ritmo de crecimiento sostenido, sectores como el turismo, la construcción, las zonas francas, el comercio y la agricultura se dinamizan. Eso significa más inversión, más producción y, sobre todo, más puestos de trabajo. Cada nuevo empleo representa una familia con mayores ingresos, más capacidad de consumo y mejores posibilidades de salir adelante.

El crecimiento también envía una señal de confianza. Los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros, suelen apostar por economías que ofrecen estabilidad y perspectivas positivas. Esa confianza se traduce en nuevas empresas, ampliación de las existentes y proyectos que generan riqueza y oportunidades para miles de dominicanos.

Otro aspecto que muchas veces pasa desapercibido es el impacto en las finanzas del Estado. Cuando la economía produce más, también aumenta la recaudación de impuestos. Se reduce el déficit fiscal. Esto le da al Gobierno mayores recursos para invertir en metro, monorriel, carreteras, hospitales, escuelas, seguridad y programas sociales que benefician directamente a la población. Ese es un efecto del crecimiento del PIB.

Ahora bien, crecer no es suficiente. El verdadero éxito de una economía no se mide únicamente por el aumento del PIB, sino por la capacidad de transformar ese crecimiento en bienestar para la gente. De poco sirve que las cifras sean positivas si los salarios no mejoran, si el costo de la vida sigue aumentando o si muchas familias no sienten ese progreso en su bolsillo.

Por eso, el desafío no es solo mantener el crecimiento económico, sino lograr que sus beneficios lleguen a todos. Generar más empleos formales, fortalecer el poder adquisitivo de los trabajadores, controlar la inflación e invertir con eficiencia en servicios públicos son pasos fundamentales para que ese 4.5 % se convierta en una mejora real en la calidad de vida de los dominicanos.


En definitiva, el crecimiento económico que hoy exhibe la República Dominicana es una buena noticia. Refleja una economía dinámica, con capacidad para atraer inversiones y crear oportunidades. Pero el verdadero triunfo será cuando ese crecimiento se traduzca en más bienestar, mayor equidad y mejores oportunidades para cada ciudadano, sin importar dónde viva o cuál sea su condición social.

Ahora bien, el crecimiento del Producto Interno Bruto siempre provocara un derrame positivo en los sectores sociales de una manera u otra. Si la riqueza de un país aumenta mayores serán las posibilidades para todos.

sábado, 20 de junio de 2026

Cuba termina haciendo lo que juró que nunca haría

Cuba resistió cuando cayó la Unión Soviética. Resistió cuando se derrumbó el Muro de Berlín. Resistió cuando China decidió enriquecerse sin abandonar el Partido Comunista. Resistió incluso cuando Vietnam tomó el mismo camino.

Ahora la realidad la alcanzó.

La economía cubana está exhausta. La producción no despega, la escasez se volvió parte de la vida diaria y el dinero externo ya no alcanza para sostener el modelo. Después de décadas defendiendo la planificación centralizada, La Habana empieza a abrir puertas que durante años mantuvo cerradas con candado.

No hablan de capitalismo. Tampoco de abandonar el socialismo. Pero los hechos pesan más que los discursos.

Entre las medidas anunciadas aparecen la apertura a la banca privada, libertad a las casas de cambio y operadores privados de remesas. Se permitirá abrir cuentas en divisas con menos restricciones y se crean mecanismos cambiarios más cercanos a los de una economía de mercado.

Las empresas privadas ganan espacio. Las grandes compañías podrán crecer, contratar más personal y participar en sectores que antes estaban reservados al Estado.

También llegan cambios en las empresas públicas. Algunas podrán convertirse en sociedades por acciones y abrirse a la participación privada. Otras recibirán más autonomía para tomar decisiones sin esperar órdenes desde arriba.

Los controles de precios, una de las banderas históricas del modelo, empiezan a retirarse. El Gobierno admite de forma implícita algo que los cubanos conocen desde hace años: los precios fijados por decreto no llenan los estantes.

Los subsidios generalizados también entran en revisión. La ayuda estatal ya no sería para todos, sino para quienes el Gobierno considere más vulnerables.


Turismo, servicios y otras áreas estratégicas recibirán mayor presencia de inversionistas privados.

Hace apenas unos años muchas de estas medidas habrían sido calificadas como concesiones al capitalismo. Hoy son presentadas como necesarias para evitar un colapso mayor.

La pregunta ya no es si Cuba se parece cada vez más a China o Vietnam. La pregunta es cuánto tiempo tardará en parecerse aún más.

 

 

jueves, 11 de junio de 2026

Endeudamiento y déficit fiscal:15 años de brecha presupuestal

 Desde hace más de 15 años, el Gobierno dominicano mantiene un déficit presupuestario superior a los 200,000 millones de pesos anuales. Este déficit ha sido cubierto mediante endeudamiento externo y la emisión de bonos en el mercado interno.

Durante la gestión del expresidente Leonel Fernández, y mediante consenso entre las principales fuerzas políticas del país, se estableció en la Estrategia Nacional de Desarrollo el compromiso de impulsar una reforma fiscal integral. Esta reforma debía abordar tanto los ingresos que recibe el Estado como la forma en que se ejecuta el gasto público.

Sin embargo, hasta la fecha únicamente se han implementado reformas tributarias enfocadas en aumentar los ingresos, sin realizar cambios significativos en la estructura del gasto. Además, dichas reformas han sido aprobadas utilizando las mayorías legislativas de los gobiernos de turno, debido a la negativa de la oposición a respaldarlas.

En este contexto, un senador de la oposición ha sometido diversas iniciativas legislativas que afectarían los ingresos del Estado. Aunque estas propuestas pueden generar simpatía y aplausos entre determinados sectores del electorado, su aplicación aislada provocaría una reducción considerable de los ingresos gubernamentales, aumentando el déficit fiscal y, en consecuencia, la necesidad de endeudamiento. Esto ampliaría aún más la brecha fiscal y en el endeudamiento externo que el senador tanto critica.

Lo que necesita la República Dominicana no son medidas aisladas ni propuestas de carácter demagógico orientadas a obtener beneficios políticos inmediatos, sino una reforma fiscal profunda e integral que garantice la sostenibilidad de las finanzas públicas. Actuar de manera contraria representa una muestra de irresponsabilidad por parte de la clase política.


A pesar de la necesidad de dicha reforma para corregir el déficit estructural del Gobierno, todo parece indicar que el presidente Luis Abinader dejará esta tarea para la próxima administración. Entre las razones se encuentra la falta de consenso político, ya que la oposición difícilmente respaldaría una reforma de esta naturaleza. Además, la cercanía del período electoral hace que los costos políticos de una reforma fiscal sean elevados en el corto plazo, situación que podría ser aprovechada por los adversarios políticos.

Ante la realidad de un elevado déficit fiscal y la incapacidad de las fuerzas políticas para alcanzar acuerdos que permitan reformar el sistema tributario y racionalizar el gasto público, el país corre el riesgo de continuar dependiendo del endeudamiento como principal mecanismo de financiamiento. Mantener esta tendencia de manera indefinida podría comprometer la estabilidad económica y fiscal de la República Dominicana en el futuro.

 

 

 

 

miércoles, 10 de junio de 2026

Más de 15 años de déficit: la bomba fiscal que la política dominicana sigue posponiendo

Desde hace más de 15 años, el Gobierno dominicano mantiene un déficit presupuestario superior a los 200,000 millones de pesos anuales. Este déficit ha sido cubierto mediante endeudamiento externo y la emisión de bonos en el mercado interno.

Durante la gestión del expresidente Leonel Fernández, y mediante consenso entre las principales fuerzas políticas del país, se estableció en la Estrategia Nacional de Desarrollo el compromiso de impulsar una reforma fiscal integral. Esta reforma debía abordar tanto los ingresos que recibe el Estado como la forma en que se ejecuta el gasto público.

Sin embargo, hasta la fecha únicamente se han implementado reformas tributarias enfocadas en aumentar los ingresos, sin realizar cambios significativos en la estructura del gasto. Además, dichas reformas han sido aprobadas utilizando las mayorías legislativas de los gobiernos de turno, debido a la negativa de la oposición a respaldarlas.

En este contexto, un senador de la oposición ha sometido diversas iniciativas legislativas que afectarían los ingresos del Estado. Aunque estas propuestas pueden generar simpatía y aplausos entre determinados sectores del electorado, su aplicación aislada provocaría una reducción considerable de los ingresos gubernamentales, aumentando el déficit fiscal y, en consecuencia, la necesidad de endeudamiento. Esto ampliaría aún más la brecha fiscal que enfrenta la economía dominicana.

Lo que necesita la República Dominicana no son medidas aisladas ni propuestas de carácter demagógico orientadas a obtener beneficios políticos inmediatos, sino una reforma fiscal profunda e integral que garantice la sostenibilidad de las finanzas públicas. Actuar de manera contraria representa una muestra de irresponsabilidad por parte de la clase política.

A pesar de la necesidad de dicha reforma para corregir el déficit estructural del Gobierno, todo parece indicar que el presidente Luis Abinader dejará esta tarea para la próxima administración. Entre las razones se encuentra la falta de consenso político, ya que la oposición difícilmente respaldaría una reforma de esta naturaleza. Además, la cercanía del período electoral hace que los costos políticos de una reforma fiscal sean elevados en el corto plazo, situación que podría ser aprovechada por los adversarios políticos.

Ante la realidad de un elevado déficit fiscal y la incapacidad de las fuerzas políticas para alcanzar acuerdos que permitan reformar el sistema tributario y racionalizar el gasto público, el país corre el riesgo de continuar dependiendo del endeudamiento como principal mecanismo de financiamiento. Mantener esta tendencia de manera indefinida podría comprometer la estabilidad económica y fiscal de la República Dominicana en el futuro.

  

martes, 9 de junio de 2026

El gran desafío de Leonel Fernández

En política, ser conocido no siempre es una ventaja. Hay líderes que pasan años intentando que la gente los conozca, pero existe un problema mucho más difícil: que una parte importante de la población ya tenga una opinión negativa sobre ti y no esté dispuesta a cambiarla.

Eso es lo que los expertos llaman "voto de rechazo". No se trata de que una persona esté indecisa o quiera escuchar propuestas. Es algo más profundo: es cuando alguien simplemente decide que no votará por un candidato en ninguna circunstancia.

Y ese parece ser uno de los principales obstáculos que enfrenta Leonel Fernández.

Nadie puede negar que es una de las figuras más importantes de la política dominicana de las últimas décadas. Tiene experiencia, una estructura partidaria sólida y una base de seguidores fieles. Sin embargo, distintos estudios de opinión muestran que también carga con niveles de rechazo importantes en una parte del electorado.

¿Por qué ocurre esto?

La primera razón tiene que ver con el tiempo. Leonel lleva casi tres décadas ocupando un espacio central en la política nacional. Cuando una figura permanece tanto tiempo en el escenario público, la gente termina asociándola no solo con sus logros, sino también con sus errores, promesas incumplidas y decisiones controvertidas. Para muchos ciudadanos, Leonel representa el pasado más que el futuro.

También está el tema de la corrupción y la percepción pública. Aunque hoy dirige la Fuerza del Pueblo, muchas personas siguen vinculándolo con los años de gobierno del PLD. Para una parte del electorado, esa separación política no ha sido suficiente para borrar las asociaciones con los cuestionamientos que marcaron aquella etapa.

Otro factor importante es la conexión con los jóvenes. Una gran parte de los votantes actuales creció después de sus primeros gobiernos. Muchos jóvenes buscan figuras nuevas, discursos más directos y una comunicación más cercana a la forma en que consumen información hoy. Aunque dentro de su entorno existen líderes jóvenes con gran aceptación, esa simpatía no necesariamente se transfiere al expresidente. Verbigracia su hijo Omar Fernández.


Además, existe una dificultad que enfrentan casi todos los exmandatarios cuando regresan a la oposición. Cada vez que critican problemas del presente, surge una respuesta inmediata de sus adversarios: "¿Y por qué no lo resolviste cuando gobernabas?". Esa pregunta puede parecer simple, pero tiene fuerza porque conecta con recuerdos y frustraciones que todavía permanecen en parte de la población.

Por eso, el principal reto de Leonel Fernández no es darse a conocer ni fortalecer a sus seguidores más leales. Es convencer a quienes ya formaron una opinión negativa sobre él.

Su apuesta ha sido presentarse como un dirigente experimentado, capaz de manejar momentos difíciles y aportar estabilidad al país. Sin embargo, esa narrativa compite con un sentimiento cada vez más presente entre muchos votantes independientes: el deseo de renovación y de ver nuevas caras en la política dominicana.

Al final, la gran pregunta no es si Leonel tiene experiencia. Eso nadie lo discute. La verdadera incógnita es si esa experiencia será suficiente para superar el rechazo acumulado durante tantos años de vida pública.


El autor es master en Marketing y docente de Marketing Político