La historia política del PRM, antes PRD, ha demostrado que las bases partidarias han tenido un papel determinante en la escogencia de sus candidatos presidenciales. A lo largo de varias décadas, la militancia ha respaldado figuras que, en cada momento político, representaban la mejor opción para competir y conectar con el sentimiento de la población.
En 1978, las bases escogieron a Antonio Guzmán
Fernández, logrando el fin de los 12 años de gobierno de Joaquín Balaguer.
Cuatro años más tarde, en 1982, la militancia volvió a apostar por Salvador
Jorge Blanco, quien en ese momento contaba con gran popularidad dentro y fuera
del partido.
En 1986, las bases respaldaron a Jacobo
Majluta Azar, considerado por muchos como la figura más conveniente dada la
coyuntura política del momento. Luego, en 1990, fue seleccionado por las bases
de su partido el Dr. José Francisco Peña Gómez, como candidato presidencial,
aun en medio de divisiones internas y con Juan Bosch como candidato del PLD
puntero en la encuesta de entonces.
Peña Gómez volvió a recibir el respaldo de las
bases en 1994, en unas elecciones marcadas por denuncias de fraude colosal. Recuerden
el 2 mas 2.
Más adelante, en 1996, nuevamente fue escogido
por la militancia y no pudo llegar al poder porque sectores enemigos de Peña colocaron
en la reforma constitucional el requisito del 50 % más uno de los votos para que
el líder del partido blanco no llegará al poder.
En el año 2000, las bases seleccionaron a
Hipólito Mejía, quien terminó ganando las elecciones presidenciales. Para el
2004, siendo presidente, Mejía volvió a impulsar su candidatura con el respaldo
interno del partido, en un escenario político que terminó siendo complejo para
la organización por la maldita reelección.
La experiencia histórica deja una conclusión
clara: las bases del PRD-PRM, en todos los casos, excepto por la imposición de
la candidatura Hipolito Mejia por la fuerza del Estado, han sabido identificar
y escoger a sus mejores candidatos presidenciales según el momento político e histórico
que viva el país y ahora no debería ser diferente.
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